¿Fue Mubárak el primer rey de Valencia?

Antes que nada, y como prólogo, debemos entender que las regiones españolas (CC.AA.) tienen todas un origen medieval (distorsionado en la actualidad por las fuerzas de poder de turno) y que fueron consolidando sus particularidades en la Edad Moderna hasta nuestros días (caso extraordinario y sorprendente de Madrid, Cantabria, La Rioja, etc., sin ningún fundamento histórico de peso, que nacen políticamente en los 1980s). Si indagamos una a una, podemos remontarnos más en el tiempo, para encontrar características culturales de antes de la Romanización, pues fue la etapa que le dio a toda la Península y al Antiguo Imperio Romano, por extensión, una lengua común para comunicarse, el latín.

Pero antes de dicha etapa románica, las fuentes escritas autóctonas son escasas y no comprendidas, así que debemos fiarnos de los cronistas posteriores en lenguas greco-latinas y, mucho más tarde, de los árabes que tradujeron parte de dichas fuentes históricas, más sus aportes cronológicos contemporáneos a ellos mismos. Se puede estudiar cada región histórica para descubrir el origen de su cultura, y nos sorprenderíamos, pues los académicos la han tergiversado en ciertos aspectos para cuadrar sus posiciones, en apoyo de las políticas de poder actuales. Pero me detengo a analizar solamente la valenciana, cuya identidad no es ni más ni menos cuestionable que cualquier otra identidad regional del mundo. Mi intención es acercarme a su origen sin injerencias políticas, ni académicas corrompidas por las mismas. Que un historiador mantenga lo dicho por otro de hace siglos, sin intentar por sí mismo descubrir (o cuestionar) si fue cierto (vía Arqueología, contraste documental, usar el sentido común y la lógica, etc.), no es más que adoctrinamiento, desgraciadamente, un mal muy propagado en nuestra España.

                           Restos primitiva capital Edeta (municipio de Lliria)

En cuanto a las lenguas vernáculas, del mismo modo que el euskera optó por adaptarse al alfabeto latino en el siglo XIX (transliteración), aproximándose a los fonemas todo lo posible, las lenguas romances lo hicieron con la grafía árabe durante la dominación islámica, descubriéndose en los años 1990s centenares de escritos en árabe que nadie entendía. Los remitentes provenían de las taifas, por el siglo XI (época de taifas) al XIII (fin de la conquista cristiana excepto Granada) y, al leerlas a un valenciano-parlante, las provenientes de dicha zona, cobraron sentido, y nos informaban del bilingüismo que siempre ha existido en la Península. Todas esas teorías (en su mayor parte catalanistas) de que unas lenguas romances derivan de otras y no del latín, carecen totalmente de sentido común ni fundamento histórico, por mucho que dicha teoría provenga de un licenciado académico. Las guerras en Irak y del Oriente Medio en general, nos privó de seguir ese magnífico hilo de investigación en toda su extensión. Los bombardeos de los museos fueron especialmente destructivos en Bagdad y Damasco, donde se concentraban la mayoría de restos antiguos provenientes del mundo árabe mediterráneo en general. 


                                        Taifas sobre el año 1040

Las aljamías valencianas que se conservan son de época más moderna (siglos XV y XVI), aunque no dejan de ser interesantes, pues “rompen” con las teorías académicas absurdas de que el valenciano fue “olvidado” en época andalusí y “aprendido” por colonos tras la conquista aragonesa. Los filólogos hablan de "transmisión" como si la lengua se transmitiese por contacto o por el aire, como un virus. El romance andaluz y de otras zonas de la península sí terminó por olvidarse, sustituyéndose el bilingüismo por una sola lengua, la castellana (Quizás tres lenguas era abusivo para el general de la población, más siendo dos de ellas muy parecidas, de origen románico). En 1609-1610 se "liquidó" el árabe por exilio de los moriscos.


                                                                 Aljamía cordobesa

Reyes de Valencia conocidos 

Cuando el rey Jaime I de Aragón conquistó la ciudad de Valencia en 1238, ya hizo constar que ocupaba la capital del reino histórico de mismo nombre, a pesar de que todavía quedaba la mitad del territorio por conquistar. ¿O cuando consideró “reino” se refería a un pasado reciente musulmán, a la Balansiya musulmana? De todas formas consideraba ya en esa época como un reino pero con un territorio “indeterminado”. De hecho, el actual territorio tuvo modificaciones en el siglo XIV, en el siglo XVIII y hasta en el XIX. Pero ¿No debería ser más lógico anexionar dicho territorio a la Corona Aragonesa sin más, y obviar un posible pasado valencianista que nadie recordaba, y ahorrarse enemistades con los que esperaban mayor premio por conquista (nobles y mercenarios)?


                                     Entrada de Jaime I en Valencia

Además otorgó unos privilegios sin precedentes en forma de Fueros inmediatamente. Era señal de que sí se recordaba un reino antiguo, una identidad. Pero, si el monarca aragonés obtuvo derecho de conquista, ¿Qué necesidad tenía de tratar con deferencia a los valencianos, máxime si apartó a los musulmanes en un principio, como se nos cuenta, para que los mozárabes y muladíes (conversos al Islam que luego regresaron al cristianismo) recuperasen sus patrimonios? (engañando a los moriscos, pero esa es otra cuestión). Otro aspecto ambiguo: ¿Se consideraba a Jaime I como rey de Valencia, para muchos el primero, o era un reino sin rey desde esa conquista puntual, y fue un “Señorío”, como ocurrió con el Cid casi siglo y medio antes?


                                          Els Furs de Valéncia

                                              Estatua del Cid

Grandes eruditos e historiadores modernos quieren establecer la identidad valenciana a mediados del siglo XIV, una identidad “nacionalista” que resulta de un concepto también moderno, surgido a partir del Romanticismo del siglo XIX, y que no se puede analizar desde una perspectiva moderna, ya que desde la disolución del Imperio Romano hasta casi el siglo XVI, el concepto nacionalista es mucho más complejo de lo que podemos comprender, ligado al valor que se le daba a la tierra (cultivable), y que en nuestras últimas generaciones perdimos. Cuando siglo a siglo se sucedieron los señores de la guerra (fueren moros o cristianos), conocer el sentimiento popular resulta una tarea imposible, así que debemos establecer una identidad territorial al ámbito correspondiente con rigor histórico y, sobre todo, aplicando el sentido común. Por ejemplo, está claro que un valenciano de la ciudad sentirá amor y apego por su propiedad y por su ciudad, los defenderá con su vida, pero ya es más delicado afirmar que un propietario de Xátiva o Alacant sientan el mismo apego por la capital del reino. Dicha complejidad se hace extensible a cualquier reino histórico hispano, ninguno de ellos exento de intentos de escisión o separatismos por parte de élites, ciudades y comarcas, independientemente de la religión o etnia del gobernante de turno. En la Edad Media fue corriente que distintos ejércitos al enfrentarse enarbolaran el mismo pendón de San Jorge y clamaran al santo y a Cristo en su choque de armas, del mismo modo que los musulmanes, al enfrentarse entre sí se encomendaron a Alá y Mahoma. En dicha tesitura ¿Cómo podemos comprender un posible origen “nacionalista” en cualquier espacio europeo tras la caída del Imperio Romano hasta la formación de los estados modernos?

Numerosos historiadores defienden la teoría de que el primer rey de Valencia fue Mubárak, que se sentó en el trono de su taifa en el año 1009, 

Pero la próspera taifa de Denia también se puede considerar reino "ajeno" al de Valencia de entonces, como ocurrió en la época prerrománica. Podemos decir estrictamente que en 1244 “el reino de Valencia conquistó el de Denia” y que son dos entidades culturales distintas por eso. Pero no es así, pues compartían una misma historia, lengua bilingüe y cultura. Es más, resulta que los colonos valenciano-parlantes se asentaron en gran número por territorios del otrora Reino de Murcia y de la actual provincia de Albacete (consta al menos desde mediados hasta finales del siglo XIII) y que, incluida la capital murciana, los guerreros valencianos, principalmente del sur de la actual provincia de Alicante, terminaron por conquistar. Pero nunca se consideró Reino de Valencia más al sur de Cartagena, que terminó intercambiándose por Elche en 1301 por motivos estratégicos y económicos. De modo que sería Orihuela (Oriola) la más importante ciudad fronteriza con Murcia desde entonces.

                                      Monedas taifa de Valencia siglo XI


         El Rey Lobo (Mardanis) gobernó Murcia entre 1147 a 1172

Quien observe este resumen, inmediatamente opinará en contra de una identidad valenciana surgida de dichas “absorciones” territoriales más que enrevesadas, pues no aclaran qué bandera ni fundamento político se enarbolaba más que al aragonés Jaime I y la cruz cristiana, una cuestión a debatir sin poseer más referencias que nos cuenten el sentir popular de la época, por falta de referencias escritas “desinteresadas”. Bien es cierto que se usó el pendón aragonés donado por Jaime I para conquistar el resto de territorios valencianos y murcianos, pero ¿fue ese el primer fundamento para establecer un Reino de Valencia?

Por eso, debemos estudiar épocas anteriores para comprender la cultura valenciana, aunque tuviese otras ciudades más importantes que la propia Valencia, y el poder político y administrativo estuviese centrado en otra zona y el religioso en otra, como parece que ocurrió. Lo importante es establecer una cultura valenciana común a toda esa zona levantina, y porqué se decidió en 1238 ubicar su capital en Valencia (que también sería capital del Imperio Aragonés, de la Corona Aragonesa, con el reinado de Alfons V el Magnánim).


                                           Alfonso V El Magnánimo

Repaso a la Valencia Histórica Buscando Identidad

Quien haya leído las crónicas romanas de la Conquista de Hispania, sabrá que ya entonces existió un reino en l
o que luego sería Valencia y hasta tres en lo que hoy configura el antiguo reino valenciano (ahora comunidad autónoma). La “obsesión” de políticos y los historiadores que “acomodan” sus pretensiones, intentan vincular a la ciudad de Valencia con el resto de su comunidad sin conocimientos históricos suficientes. Ocurre lo mismo con Barcelona, que se tiene como el ombligo de Cataluña, cuando una y otra ciudad no son más que centros políticos en determinados estadios temporales de la larga prehistoria e historia de sus territorios y sus vecinos. Madrid no ha sido siempre la Capital de España, por ejemplo.


                                      La Península Ibérica Prerrománica

Dicha vinculación de Valencia a su reino y la búsqueda de una identidad histórica, hace que se cometan numerosas contradicciones y confusiones. Si seguimos una comparativa con Cataluña, es como ocurre a Barcelona con Seo de Urgel, dos ciudades y condados que pugnan por quién posee más “derecho a catalán”, cuestión que les ha llevado hasta el enfrentamiento bélico en no pocas ocasiones a lo largo de la Historia. La consabida "lucha de poder", en la que siempre gana el rico, o casi siempre.


                              Asentamientos íberos hallados entorno a Edeta

Los romanos nos contaron hace casi veinte siglos en sus crónicas que, en el territorio actual valenciano, como reino, batallaban entre sí tres reinos: Contestania al sur (que abarcaba también algunas zonas de Albacete y Murcia, territorio similar al muy posterior feudo de Teodomiro entre 711 y 743, y la Taifa de Denia entre 1009 y 1076, de mayor extensión más las Islas Baleares),

Edetania al centro y los ilercavones más al Norte (Norte de Castellón, gran parte del sur de la provincia de Tarragona y sur de Aragón). Para encontrar la identidad de la que hablan políticos y sus historiadores, tenemos por fuerza que remontarnos a esa época prerrománica y poder comprender la singularidad y complejidad (términos aparentemente antagónicos, pero no en esta ocasión) del Antiguo Reino de Valencia.


                                      Restos poblado íbero valenciano

Los historiadores más “fiables” son Tito Livio y Polibio al describir la Hispania prerrománica y conocer detalles socio-políticos ocurridos entre púnicos e íberos. Nos cuentan que Amilcar Barca

Casó a su hijo Aníbal con una princesa de Cástulo,

Y que su yerno Asdrúbal se asentó en la Contestania con el título de “Líder supremo de los íberos”, casándose también con una noble íbera, sin especificar más detalles.

Si creemos esta descripción que solo cuenta Tito Livio y un poeta que se basó en éste, se entiende a Asdrúbal “el Bello” como rey de hecho, una primera referencia de un rey en suelo valenciano, de la que se tenga constancia (aunque si hubo princesas, es lógico que hubiese también reyes). Su “reinado” lo podemos situar entre el 228 a. de C. al 221 a. de C., cuando muere asesinado por un esclavo celta en la flamante y recién fundada Qart Hadasht (Cartagena).

                                        Restos de Lucentum-Alicante

En la Antigüedad vemos que Valentia es una fundación romana (Valentia Edetanorum) del año 138 a. de C., sobre un núcleo primitivo ibérico (modesto puerto pesquero mayormente). Recientemente se han encontrado los enterramientos de los posibles primeros fundadores en la necrópolis romana de Valencia. Provienen de una zona al Norte del Lacio. En el territorio existieron enclaves mucho más importantes que Valencia en dicha época, por ejemplo la capital Edeta (situada en un promontorio cerca de Lliria). Pero antes de ser fundación romana, el ámbito ibérico levantino, considerado “cuna” de la cultura íbera o ibérica, pasó por numerosos intercambios culturales e invasiones pacíficas y militares de otros pueblos del Mediterráneo.

                                          Reconstrucción de Edeta
 
                                      Antigua muralla de Valencia

Según el geógrafo Ptolomeo (Alejandría siglo II), en Contestania ya eran muy conocidos e importantes los puertos de Qart Hadasht o Carthago Nova, el Peñón de Ifach (que Estrabón confundió con Gibraltar en sus primeros mapas), Lucentum (Alicante) y otros puertos marítimos, como Denia (base naval de Sertorio que cambió su nombre ibérico por Dianium, conmemorando a la diosa Diana, en el I a. de c.). Por otros cronistas romanos y yacimientos arqueológicos conocemos también ciudades interiores como Saitibi (Xátiva), donde se acuñó moneda ibérica, Ilici (Elche),

La Serreta y El Puig en Alcoy, donde se pudo albergar poder religioso-administrativo dada la cantidad de escritos en plomo encontrados,



                                                     La Serreta

También Elda, y numerosos enclaves murcianos y albaceteños como Pozo Moro. Al Norte encontraron los cronistas romanos mucho territorio agrícola por influencia del río Ebro y sus confluencias, y numerosos asentamientos de poblados ibéricos, pero sin ninguna ciudad-estado de relevancia. Podemos señalar los yacimientos de Alloza y Azaila como los mejor documentados. Quizás no se ha excavado lo suficiente en la antigua Ilercavonia, aunque una moneda ha dado recientemente una pista fundamental sobre su más que posible capital, llamada Kum, descubierta en 2020 en el yacimiento de Castellet de Banyoles (que posiblemente pase a llamarse Kum) de Tivissa, provincia de Tarragona.



                                   Poblado íbero Castellet de Banyoles

Tenemos entonces que de aquellos orígenes ibéricos, los edetanos se encontraban en el centro. Al sur un rico reino que albergó una capital cartaginesa, y al Norte un rico granero para abastecerse. Al menos se sabe que la capital (Edeta) se encontraba en Lliria, en el Tossal de Sant Miquel, a pocos kms de l ciudad de Valencia. Los enclaves más importantes por conocidos fueron Sagunto, que acuñaba moneda propia íbera, y Cullera. ¿Cómo terminó la ciudad de Valencia denominando un reino que abarca desde Tarragona hasta Murcia y adentrándose hasta más de 100 kms por el interior de la península en muchos puntos? De Contestania se busca todavía su capital, si la tuvo, y su topónimo en íbero, pues es un topónimo acuñado siglos después por los historiadores.

El último rey tartésico conocido fue Argantonio (fallecido en 550 a. de C.). Se sabe que el ámbito tartésico llegó hasta el Levante, y quizás en el siglo V a. de C. se formaron o poblaron sociedades organizadas en “reinos” que debiéramos decir tribus o clanes, incluso feudos, mandados por la élite guerrera y religiosa en el actual Reino de Valencia. Serían los cartagineses quienes “obligaron” a la unificación de los pequeños “reinos” ibéricos, tradicionalmente belicosos entre sí, para mantener sus hegemonías y no les ocurriese como a los tartésicos, que se disolvieron rápidamente en el siglo V, siendo un reino y cultura poderosa. 


                                            Iconografía de Aníbal

En esa época, los cartagineses suceden a los fenicios en los enclaves comerciales establecidos en el sur de la Península Ibérica. Los mismos, viendo la gran división de poder, comenzaron poco a poco una dominación militar y política que abarcó la actual Andalucía, y de sur a norte por el Mediterráneo precisamente hasta la frontera con los edetanos. Los plomos de Alcoy contienen el proceso lingüístico que los íberos siguieron, gracias a la transcripción a los alfabetos fenicio, griego y latino de su lengua, incluido el primitivo “valenciano autóctono”, identificado en los plomos Nº 9 y Nº 11 como “lengua levantina”, la representación más antigua del valenciano primitivo. Se siguen estudiando, pero todavía no conocemos el significado exacto de estos 14 plomos hallados.


                                  "Dama del telar" cerámica de La Serreta

Entre el 264 y 241 a. de C. los romanos frenan la que estaba siendo expansión cartaginesa imparable con su victoria en la Primera Guerra Púnica. Amílcar Barca, en 228 a. de C. consigue recuperar el prestigio de Cartago en Iberia con la victoria en Ilici (Elche). Durante dicha ocupación de la zona, que ya llevaba casi una década, fundará el enclave de Akra Leuce (o Leuké, más tarde llamada en latín Lucentum en Alicante), para establecer un puerto de embarque a tropas y suministros, con la intención de fundar quizás también una nueva capital. En el yacimiento y numerosos puntos cercanos a Lucentum se observan restos de dicho asentamiento cartaginés. Pero durante dicha batalla de Ilici de 228 a. de C., Amílcar conoció la intención de los reyes edetano e ilercavón, más algunos grupos celtíberos del interior por unificar sus fuerzas para repeler el avance hacia el interior, de modo que, volviendo a galope tendido para avisar a sus hijos (Aníbal, Asdrúbal y el joven Magón), su caballo tropezó en la ribera del río Vinalopó y murió a causa de la caída (Existe un monumento conmemorativo en la localidad albaceteña de Elche de la sierra, donde los manchegos dicen ocurrió su última batalla). Este hecho lo relato porque es importante a la hora de comprender la identidad valenciana. Que me perdonen manchegos y castellanos, pero comparto la opinión y traducción de Tuñón de Lara en su Historia de España por su versión de batalla en Ilici (pronunciado Hélike-Elche) y muerte en el Vinalopó, aunque se "fabriquen" pruebas y tumbas sin contener un cuerpo.

Contestanos, edetanos e ilercavones se encontraban en la misma encrucijada. Cuando no se unían o enemistaban por causa romana, lo estaban por los cartagineses. Se dieron cuenta de que su supervivencia debía pasar a la fuerza por una “unificación” definitiva entre ellos, y elegiendo un bando. A falta de referencias escritas, no podemos establecer una fecha ni un punto exacto de las reuniones mantenidas entre sus líderes (secretas para los romanos), pero el mero hecho de que, según todas las crónicas existentes, combatían en unión contra las invasiones foráneas, da la idea más que aproximada de “comunión” territorial. Siempre pensé que los Plomos de Alcoy, al menos algunos, son una “lista de pueblos”, y tengo la idea romántica de que precisamente los que se datan entre el siglo IV al II a. de C. podrían contener algún “pacto ibérico”.


                            Amílcar Barca el "coco" de la Antigua Roma

(218-204 a. de C.)

Los hijos del recién fallecido Amílcar decidieron reunir todo su ejército para someter los territorios pendientes del ámbito mediterráneo ibérico y plantear una guerra decisiva contra los romanos. Asdrúbal quedaría en retaguardia como general en la Contestania y Aníbal comandaría la impresionante expedición tan famosa en la Historia de su paso por los Alpes. Asdrúbal reclutó una nutrida infantería contestana y llegaron honderos baleares en un número de varios centenares, que se unieron a la expedición hacia la Itálica. 


                                                    Aníbal

Edetanos e ilercavones decidieron unirse también a los íberos del sur y pactaron con los celtíberos del interior una larga tregua. En mi opinión, surge aquí por primera vez una identidad común valenciana "demostrable", incluso un siglo antes de la fundación de Velentia Edetanorum. Su fundación sería romana, pero existen numerosos fundamentos que hacen pensar en una capital también ibérica pues, por entonces, ya se había abandonado el promontorio en Lliria, la antigua capital edetana, como otros numerosos poblados de montaña. En la misma necrópolis romana comentada anteriormente, se descubrieron nichos con enterramientos íberos más antiguos.

Los santuarios ibéricos coexistieron con los cartagineses y romanos hasta el siglo IV de nuestra Era, es decir, la religión ibérica no se “romanizó”, y en muchos casos pasó directamente al Cristianismo, tal y como consta en los yacimientos arqueológicos y en las referencias escritas. El sacerdote ibérico valenciano no fue perseguido, aunque si “relegado” por los dioses romanos. Este dato es muy importante para comprender una más que posible “resistencia” ibérica valenciana a las influencias extranjeras. A mantener su lengua que fue romanizándose con el tiempo. La figura del templo no era habitual en la cultura íbera, por eso encontramos los romanos de nueva planta en las ciudades y pocos que fuesen construidos sobre antiguos santuarios, siempre erigidos separados de los poblados y en promontorios, costumbre que se mantuvo con las ermitas rurales y de monte cristianas muy abundantes, continuando en cierto modo la costumbre íbera.


                           Santuario de la Luz-Sierra de Verdolay (Murcia)

Si nos fijamos, los íberos valencianos (no sabemos cómo se autodenominaban en dicha época), perdieron junto a los cartagineses la Segunda Guerra Púnica, y la mayoría de jóvenes en edad de combatir (muchos se quedaron desperdigados por Europa y Norte de África durante años). Eso propició que los romanos fuesen penetrando sin apenas obstáculos desde sus asentamientos tarraconenses. Como ocurriera con visigodos cinco siglos después, musulmanes ocho siglos después y cristianos doce siglos más tarde, se repetía como un bucle una dominación venida del sur para terminar dominando los venidos del norte. A pesar de su condición de perdedores, nunca se mostraron hostiles los invasores tras la ocupación, y eso da a entender el carácter y personalidad del pueblo valenciano que, por lo general, se les respetaron sus tradiciones (y ellos las conservaron a pesar de las presiones y censuras, como en la actualidad).


                                      Costumbres valencianas

Existe una época entre grandes culturas dominadoras, como fue el paso de los pueblos góticos, cuando la lengua ibérica estaba ya muy romanizada. También admitieron a los bizantinos (les gustaba mucho combinar la lengua griega con el latín), que por el siglo VI todavía se consideraban potencia en el Mediterráneo. Sería en esta época cuando surgió el valenciano que llamamos “antiguo”, y del íbero nos han quedado numerosas expresiones, tales como “ca”, “au”, “xe”, “fole” y otras raíces y formas guturales, que también se fueron perdiendo con la modernidad, sobre todo a finales del siglo XIX. 

Las diferencias lingüísticas con los vecinos aragoneses, catalanes y baleares se pronunciaron dependiendo de la época, pero con el Siglo de Oro de las Letras Valencianas y la Gramática Valenciana del siglo XV, pudieron “enderezar” todos sus modismos. Los catalanes de Barcelona se fueron desprendiendo del francés conservado todavía desde la invasión del hijo de Carlomagno en 801. Y los baleares perdieron sus propios modismos ibéricos para “modelarse” gracias a dicha gramática. Pero no corramos tanto, pues llegamos a la dominación árabe comenzada en el siglo VIII.


                                Conquistas de Leovigildo a finales siglo VI

Hasta hace muy pocos años se tenía como algo seguro que la organización e ingeniería agrícola existente era mayormente romana, pero en las últimas décadas se ha comprobado que los romanos ampliaron en número y quizás practicaron mejoras puntuales en las infraestructuras ya creadas por los íberos. Es más, los íberos aventajaban a los romanos en la creación de terrazas para cultivos en las zonas montañosas, y muchas de estas se conservan todavía, a pesar de los más de 20 siglos transcurridos. Los árabes convirtieron el Reino de Valencia en un vergel, aprovechando dichas estructuras y multiplicándolas con un mejorado sistema de regadío. De modo que los autóctonos cristianos (mozárabes, muladíes y judíos) se enriquecieron culturalmente con los nuevos conocimientos en todos los aspectos y campos del saber, sin perder su personalidad ni su lengua romance, aunque si escrita, pues adoptaron el árabe, como hicieron antiguamente con los alfabetos primitivos foráneos. 


                                         Horta de Valéncia


                                            Dirham de Tortosa

Así transcurrieron tres siglos con un Reino de Valencia “dormido” hasta que aparecieron las taifas. Es en este siglo XI, en sus comienzos, cuando observamos que se repiten los espacios territoriales ibéricos, como si no hubiesen transcurrido doce siglos. Las taifas coinciden con las antiguas Edetania y Contestania y el espacio de los ilercavones resulta una “marca hispánica” durante un prolongado periodo de tiempo, una tierra agrícola poco poblada y que finalmente se repartirán los distintos reinos cristianos (cuando es totalmente valenciano desde la desembocadura del Ebro). La diferencia estriba en que Contestania abarca esta vez también a las Islas Baleares, dos territorios que siempre estuvieron bien comunicados, desde al menos 1500 años a. de C. Dicha Contestania sería la última zona en penetrar el Islam, ya que se le concedió como feudo a Teodomiro hasta su muerte en 743. Se dice que no llegaron hasta el Norte de la Península, pero he intentado encontrar iglesias o referencias que prueben ese dato y sólo he hallado la Iglesia de San Juan Apóstol datada como terminada en 783. Si los árabes no hubiesen llegado al Cantábrico, sin duda hallaríamos referencias y restos datados entre 711 y dicha fecha, algo que no he leído por ningún lado, así que hace ya muchos años que no creo demasiado en los mapas políticos de Hispania del siglo VIII, pues hay mucho de leyenda, por no decir todo leyenda y propaganda para fundamentar una “Reconquista”. Además, los musulmanes permitieron la construcción de iglesias cristianas (con condiciones, claro), y por el Norte, las más antiguas son románicas, posteriores al descubrimiento del Sepulcro de Santiago Apóstol. Del mismo modo, tampoco es creíble que los vascos se mantuviesen “aislados”. Sin duda fueron bilingües (excepto los cabreros de las montañas), como todos los que hemos mantenido nuestra lengua materna antigua.

Llega el Rey Mubárak

El rey Mubárak llamaba a la ciudad de Valencia “medina At-Turab” y al reino “Balansïa” (o Balansiya). De continuar dichos topónimos en el tiempo, ahora tendríamos que el nombre propio Valencia estaría desconectado de la ciudad y sería genial, en mi opinión,  pero la circunstancia duró poco, ya que su sucesor Abd Al-Aziz, volvió a la tradición poco más de una década después. 


                                        La Valencia Medieval

Curiosamente, esta confusión entre reino y ciudad se vive incluso en la actualidad y con su símbolo más importante: la Senyera Valenciana, la más antigua bandera del mundo con rango de Realeza, otorgada por Pedro IV de Aragón en el siglo XIV, y con unas particularidades que la convierten en única. 


En 1979 algunos políticos disconformes, llegaron a quemar en público la que se estableció como oficial para el reino. Pero mejor explicar un poco el origen de la controversia y de la misma Senyera más tarde, para comprender las exaltaciones en favor y en contra, ya que resulta importante para señalar la identidad valenciana.

                     Diferentes diseños de senyeras surgidas en 1979

Pero sigamos el orden cronológico tras la aparición del susodicho primer rey de Valencia, Mubárak. Éste era un funcionario de origen eslavo descendiente de la familia de Almanzor.
Enriqueció y pobló la ciudad de Valencia y llegó a acuñar moneda. Le acompañó en la creación del reino otro funcionario de la familia, Muzzafar, hasta 1020. Ya desaparecidos ambos, durante los dos siglos posteriores, la taifa jugó distintos papeles en el mapa estratégico peninsular. Dinastía amirí y otros reyezuelos que pagaban tributo a otras taifas, llegamos hasta 1094, cuando aparece uno de los personajes más importantes de la Historia de España. La conquista de Valencia por Rodrigo Díaz de Vivar, le valió el apelativo de El Cid Campeador, un señor de la guerra que comandaba tropas mixtas de soldados musulmanes y cristianos. 


                                             Muralla de Valencia

“Reinó” desde 1094 a 1102, aunque se declaraba vasallo de Alfonso VI, pero tuvo autoridad absoluta sobre el reino. Almorávides, almohades, señores de la guerra musulmanes, el último siglo sería una larga sucesión de nombres propios sin pena ni gloria, tributarios a distintas taifas, hasta el último rey Zayyan ibn Mardanish, que conservó el trono una década hasta la entrada de Jaime I en la ciudad de Valencia.


                                  Estatua de Jaime I El conquistador

La taifa de Denia tuvo una existencia más breve. La fundó el rey Muyahid al-Muwaffaq en 1010 y terminó con el reinado de Ali Iqbal al-Dawla en 1076, para ser anexionada por la taifa de Zaragoza. Antes de ser conquistada por Jaime I en 1244, sufrió dos décadas de cierta autonomía e incertidumbre política. Fue la primera taifa en acuñar su propia moneda, en Elda, en el año 1011. Poseía una de las flotas de guerra más importantes del Mediterráneo. Se intentó con ella conquistar infructuosamente la isla de Cerdeña. Este detalle es importante, pues secuestraron al heredero, pasando cautiverio en Italia. Al liberarse y reinar después en Denia, concedió a los cristianos residentes en su taifa (muy numerosos) “depender” del Obispado de Barcelona, territorio cristiano más cercano. Este hecho explica que, siglos después, el Obispo de Barcelona ejerciera un poder “fundamentado” en el sur del Reino de Valencia y Norte de Murcia.


                          La Península Ibérica política sobre el año 1030

Luego tenemos al noroeste de la taifa valenciana dos pequeños “feudos”, en Alpuente y Albarracín. Junto a estos dos pequeños reinos, La taifa de Tortosa coincide espacialmente más o menos con los ilercavones del tiempo de los íberos. Tortosa sobrevivió independiente hasta el año 1060 bajo el mando de cuatro reinados, para pasar a ser tributario de la taifa zaragozana hasta 1110, cuando fue conquistada por los almorávides. Tuvo un total de siete monarcas musulmanes hasta que en 1148 fue tomada por el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV definitivamente para los cristianos. Resulta muy significativo que en la actual Comunidad Valenciana se repitan con los siglos la misma tendencia y devenires políticos en su conjunto, aunque unas zonas “resistan” más que otras las corrientes foráneas. Eso nos lleva a pensar que el núcleo autóctono, el conjunto que conserva las raíces “valencianas”, a pesar de las influencias, siempre se mantuvo firme y en contacto, sin olvidar los intereses propios de cada ciudad y su área de influencia.


                           Valencia como Patrimonio de la Humanidad

Por ejemplo, la rivalidad de Alicante con Valencia en cuanto a sus políticas económicas: puerto y comercio en general, ha impedido en numerosas ocasiones un mayor despegue de Alicante y su provincia, pero no quita el hecho de que siempre pertenecieron a un mismo conjunto cultural y misma identidad. La configuración en diócesis ( las primitivas provincias romanas) es también un punto muy importante, ya que la religión hizo y deshizo políticamente a lo largo de los siglos. 


                                      Catedral de Valencia

Ya en el siglo XIV, y como su antepasado Jaime I, Pedro IV otorgó privilegios y títulos a la Ciudad de Valencia, y por extensión, al Reino circunscrito. Todo el reino se movilizó contra Castilla, siendo decisiva su participación, y la ciudad de Valencia se destacó por la defensa, recursos y mayor número de soldados aportados a la causa del aragonés.

Eruditos y catedráticos de Historia contemporáneos afirman en sus últimos trabajos que la identidad valenciana surge precisamente en esta fecha de la concesión de una Senyera Reial al Reino de Valencia. Se concedió el derecho a una bandera coronada durante la guerra con Castilla (1356 a 1365) ratificada por Proclama Real en 1377. Pero opino que dicha identidad valenciana ni ocurrió entonces, pues sucedió siglos antes, ni tampoco ha existido “nacionalismo” tal y como concepto actual entendemos. Es como decir que, tras la entrada de las tropas franquistas en Valencia, en 1939, “desapareció la identidad valenciana”, algo tan peregrino como la afirmación primera. Pero vista desde la perspectiva de un futuro lejano, dirán los historiadores que las prohibiciones franquistas “acabaron con la cultura y lengua valenciana” por 40 años, algo que tampoco sería cierto, aunque si hubo un intento de exterminarla, como el Borbón a principios del XVIII, y hoy en día por los catalanistas apoyados por el PSOE, entre otros.

Respeto los trabajos exhaustivos reflejados en los últimos años, como los de Vicente Boix, Ricardo J. Vicent, Fernando Millán Sánchez y “La Identidad Valenciana”, de Andrés Piqueras Infante, etc., pero creo que no han observado el “bucle” histórico producido desde el tiempo de los íberos y que, por falta de nombres propios de dicha época, obviaron, pues precisamente la identidad valenciana surge de la unificación tribal de todos aquellos pueblos íberos (incluso anteriores) que compartían el territorio actual de la Comunidad Valenciana y que se unieron para enfrentarse a las invasiones extranjeras en momentos puntuales. El que luego, tras muchos siglos, apareciesen simbolismos para ratificar dicha unión, es puramente circunstancial, pues no significó una acentuación de la identidad, ni tampoco lo contrario. Al igual que el resto de territorios históricos peninsulares, hubo enfrentamientos “Norte-Sur”, “Nobleza-Vasallos”, “Rey-Nobles”, incluso varios reyes repartiéndose el territorio, y todas las peleas y discusiones típicas de cualquier reino, pero podemos hablar de un espacio compartido por una misma gente y una misma lengua y cultura desde hace más de 25 siglos, que es la edad que tiene al menos, la identidad valenciana.

Ya dentro de mi opinión, y en espera de pruebas arqueológicas, el no encontrar una capital en la Contestania e Ilercavonia ibéricas (puede que Kum), se debe a que quizás no las hubo. En una cultura anterior, llamada Argárica (2300-1500 a. de C) está localizado en Villena un yacimiento espectacular, el Cabezo Redondo, con todas las trazas de ser capital y del que salió el famoso Tesoro de Villena. Si hubo capitales en tiempos tan remotos, todo hace pensar que en la cultura ibérica también. Si consta, en las referencias antiguas, Edeta como capital, y que luego se trasladó a Valentia Edetanorum, ¿No es más que probable que ya entonces fuese la capital de los tres territorios? El hecho de que nunca se haya planteado otra capital distinta, ni en tiempos visigóticos ni musulmanes, y que Jaime I no dudase en plantar allí su pendón aragonés, corrobora una identidad valenciana ancestral.

Toni Ferrando (publicado en 2022 y revisado)









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