Breve Historia Del Tabaco Y Del Cigarrillo

El Tabaco fue uno de esos productos exóticos que llevó a la Corte Española Cristóbal Colón tras su primer viaje a América. Explicó a los monarcas y cortesanos que los indios tahínos enrollaban las hojas en forma de cilindro y aspiraban de una llama de fuego. El humo de aquel “cigarro” pasaba a los pulmones y “calmaba las ansiedades de una dura jornada de trabajo, sumiéndoles en un estado de liviana embriaguez y confianza colectiva, terminando muchas veces en bailes y jarana alrededor de una hoguera”.

Antes de seguir contando, debo puntualizar sobre las costumbres de finales del siglo XV en España, pues en todas las fuentes se nos cuenta esta historia como si fumar se hubiese descubierto por primera vez tras aquel primer viaje de Colón. Por ejemplo, cuando se analizó la bola coronada por un crucifijo, donada por Boabdil a los Reyes Católicos, se encontraron restos de Hachís en su interior (procesado de la hoja del cáñamo-familia cannabis) , una sustancia que se fumaba en Al-Ándalus desde siglos atrás, con unos efectos mucho más potentes que el tabaco, pues llega a alterar el estado de conciencia con el abuso, algo que no ocurría con la nicotina del tabaco, con efectos mucho más livianos (a corto plazo), y por eso su pronta aceptación por la clase alta de la sociedad.


                                               Hojas de tabaco

Desde principios del siglo XVI, la aristocracia, primero de Sevilla, puerto donde desembarcaba el tabaco, y posteriormente en el resto de España, se tomó la costumbre de fumar estos cigarros “puros” venidos de América. Se convirtió en un signo de distinción, y no faltaban, junto al café, en las reuniones de alta alcurnia. Enseguida la aristocracia portuguesa e inglesa tomó esa misma costumbre española. Surgieron los primeros “clubes” de fumadores, ya que a las damas no les resultaba tan agradable su espeso aroma. El tabaco entró a formar parte de los artículos de lujo venidos de las provincias de ultramar, aunque era más abundante y fue reduciendo su precio en el mercado paulatinamente.


                                               Cigarros puros

Ya en esa primera época de importación aparecieron los primeros “cigarreros ilegales”, personas que se dedicaban a recoger las colillas y deshechos de los pudientes fumadores, para “liar” cigarros nuevos, con el fin de fumarlos o venderlos. Si no se encontraba un resto suficientemente grande como para desenrollar una hoja y reconstruir otro cigarro, optaban por vender el tabaco picado. Como llegaban muchos cargamentos con restos de hojas sueltas, las adquirían a bajo precio, o incluso esperaban a que el carguero las desechara, y con dichas hojas liaban el tabaco picado. Así que surgió de esta idea toda una industria del tabaco picado con el tiempo, con tanto éxito, que sería la que al fin se impuso. La práctica del “colillero” surgió durante todas las épocas cuando España empobreció o sufrió crisis económicas graves. En la Posguerra de 1939, por ejemplo, este “oficio” proliferó por toda la geografía española, aunque fue en este caso el cigarrillo de papel liado el protagonista.

El cigarrillo liado con papel surge también a comienzos del siglo XVI. Ante la imposibilidad de conseguir su envoltorio adecuado, a alguien (quizás a los niños que quieren imitar a sus mayores) se le ocurrió esta manera práctica y más basta de fumar. He escuchado la versión de que fue un sevillano a quien se le ocurrió la idea de liar tabaco picado en papel de periódico, pero establecer cuándo exactamente y quién, me resulta imposible. Poco a poco la costumbre de fumar tabaco, liado con hoja o con papel, se fue popularizando en España. Conozcamos también la historia del cigarrillo y del papel de fumar, pues también fueron dos inventos españoles. Medio siglo después, a mediados del XVI, se convirtió en moda por todo el mundo y hasta el sultán turco sentenció a muerte a miles de fumadores por considerarlo “demoníaco”.

A mediados del siglo XII, exactamente desde el año 1154, operaba en Xátiva la primera fábrica conocida de papel de Europa. Existe un equívoco, entre los historiadores y divulgadores en general, sobre el origen del papel en Europa. Se tiene esa fecha, que ya de por sí es antigua y demuestra que en Valencia se fabricaba papel antes que en ningún otro lugar de España o Europa, pero no es exacta. En Xátiva se elaboraba papel al menos desde mediados del siglo XI (tiempo de Taifas), como lo demuestra la colección de correspondencia entre Dénia y Bagdad, encontrada en formato de papel en el Museo de esta última ciudad (desaparecida tras la última guerra de Irak, así como la mayoría de fotografías). 


                                          Texto en árabe antiguo sobre papel

La misma palabra "paper" (que proviene quizás de la raíz egipcia y griega "papir") se divulgó por Europa convirtiendo este término en una palabra de origen valenciano y que diferenciaba este material novedoso del material vegetal conocido y la voz "papiro". Pero, aunque no existan restos anteriores de papel, sí se tienen referencias posteriores de que ya en el siglo IX se produjo papel en Córdoba, traído por Ziryab de Oriente Medio, que a su vez fue llevado desde China en el siglo VIII (al parecer por unos presos chinos en una batalla cerca de Samarcanda en 751). También existen referencias de fabricación de papel en Toledo por el siglo XI al menos. De esta última fecha se tiene como el texto en papel más antiguo de Europa, el Misal de Silos (fechado entre los siglos X al XI). Por el motivo que fuere, la fabricación de papel arraigó en Xátiva (quizás alcanzaron la mejor calidad) y permaneció, contándose hasta 4 molinos a mediados del siglo XII.


                                        Elaboración de papel en Xátiva siglo XII

Pero hay un detalle que se debe tener en cuenta: el papel se consideraba inferior al pergamino, hasta que en el siglo XIII comenzó a mejorarse su durabilidad, pues los materiales que se usaban se degradaban y eran atacados por los insectos con mucha facilidad. En esta faceta tuvo una función decisiva la localidad y comarca de Alcoy, lugar al que se fue trasladando la industria setabense del papel desde antes del siglo XIV, según algunas crónicas (unas pocas fuentes hablan del traslado ya a mitad del siglo XII por una epidemia de peste sufrida en dicha centuria), permaneciendo allí hasta tiempos recientes. El motivo se debe a las condiciones idóneas para instalar allí los molinos, con varios nacimientos de ríos muy útiles para la propulsión hidráulica de los molinos papeleros. Allá fueron proliferando todo tipo de expertos para aprender el oficio, y desarrollar nuevos avances, mejorando la calidad del producto con innovaciones constantes, sobre todo en los tipos de fibras a usar, pues al principio, se incluían fibras diversas provenientes del textil, la otra gran industria alcoyana de la época y primer gremio profesional registrado en España (siglo XIII).


                                            Antigua fábrica de papel

Curiosamente, en Europa se tiene como al introductor del papel a un pueblo llamado Fabriano, quienes se atribuyen la fabricación y nuevas técnicas (como las marcas al agua) desde el año 1264. Pero en Europa encontraremos muy pocas atribuciones a los españoles en nada científico o industrial (en dicha localidad valenciana y luego en la alicantina ya se fabricaban papeles sofisticados al menos desde medio siglo antes). Solamente se nos atribuye lo que atañe a cosas para ellos negativas, como la fiebre española, cosas de la Leyenda Negra.


                                   Recreación fábrica de papel en Xátiva

La tradición continuada de siglos en Alcoy por la elaboración del papel, consiguió tal calidad y refinamiento durante los siglos XVI y XVII, que solamente se podía fabricar allí el papel oficial del Estado. Allí se fabricó, por ejemplo, el fino papel de arroz, casi transparente, una idea que exportaron los valencianos de La Albufera cuando trabajaron en los molinos de Alcoy, huyendo de la peste de los arrozales, un mal que surgió en distintas épocas de la historia. Además, la idea cuajó enseguida para sacar algún provecho de las cosechas estropeadas.

                                                                   Papel para liar cigarrillos

A mediados del siglo XVIII el hábito de fumar en España se había extendido a todos los rincones y capas sociales. Atrás quedaron las opiniones de los científicos del siglo XVI y XVII, como las del botánico Boncalo (Francisco Hernández de Toledo), que aconsejaba “echar algún cigarro”, pues era bueno para el asma y otras acepciones, pero no así su abuso. El mismísimo fraile Bartolomé de las Casas advirtió a Colón de la nociva “adicción al tabaco”. De modo que ya desde su introducción, en España se estudió y determinó el problema del tabaco, pero los trabajos científicos y estudios clínicos se fueron “archivando”, en pro de las ganancias que se obtenían de su comercio. De modo que los "procesos" contra las tabaqueras en nuestros tiempos, ya se efectuaron en España cuatro siglos antes, pero con escalas de valores distintos.

La primera fábrica de tabaco funcionaba ya en Sevilla en 1620, la más antigua de Europa. Quince años después, el estado se hizo con el monopolio del tabaco. Un siglo después se construyó otra más grande que se terminó en 1770. Era una de las mayores factorías de Europa, y terminó su singladura sobre el año 1950, cuando se trasladó su producción a otro lugar. La fusión de Tabacalera S. A. (fundada en 1945) a la francesa Seita, creando la nueva empresa Altadis en 1999, acabó con toda la producción e instalaciones tradicionales dedicadas al tabaco en España. Pero no vayamos tan deprisa. Medio siglo antes de que las tropas napoleónicas difundieran por Europa la costumbre de liar y fumar cigarrillos, los industriales alcoyanos comenzaron a idear modelos de papel para aplicarlos a la industria del tabaco, pues se había vuelto un problema casi absurdo carecer de un papel explícito para una práctica ya muy corriente en España.


                                    Real Fábrica de Tabacos de Sevilla

A principios de la década de los 1760s, algunos emprendedores industriales papeleros comenzaron a elaborar papeles mucho más finos y de combustión “limpia”, ideales para el liado de tabaco. Según las pruebas físicas y registros mercantiles, el primer molino papelero del que se tiene constancia se construyó en el río Molinar por el sacerdote Vicente Albors en 1755, molino que se pueda llamar fábrica o factoría, ya que realmente era un batán procedente del textil reconvertido a papelera, por consiguiente, se trataba de la fabricación ininterrumpida de papel y no de elaboración esporádica y artesanal del mismo, como se venía haciendo.


                                   Antigua fábrica de Albors en Alcoy

En 1764 surgieron las primeras marcas registradas de papel de liar, gracias a que Vicente Albors introduce la “pila holandesa” y comenzaron a instalarse nuevas fábricas. De dicha fecha procede la que está considerada la marca más antigua del mundo: Pay-Pay, fundada por Ivorra. En medio siglo se construyeron más de 40 fábricas en la comarca y un número indeterminado en la vecina comarca del Comtat, cifra imposible de establecer con exactitud, en una y otra comarca, porque muchas funcionaban “al margen del registro y del fisco”. En sus anotaciones de 1791, el sacerdote Cavanilles contó 33 molinos papeleros en el curso de los ríos que circundaban Alcoy. Cuando sorprendía el Estado a alguna operando sin “papeles”, alegaba el acusado pertenecer a una de las marcas famosas, o simplemente cerraba y se trasladaba a otro lugar.

Se aprovechó la coyuntura del Estanco del Tabaco y sus líneas comerciales para refinar más el papel oficial del estado y convertirlo en pliegos que los fumadores cortaban a su medida para liar cigarrillos. Los alcoyanos no solamente ingeniaron un proceso para el papel novedoso, sino un “derecho fiscal” o permiso para su elaboración masiva, gracias a los timbres del Estado disponibles. Si el tabaco ya era un monopolio y una exportación considerable a nivel mundial, esas primeras marcas de papel de liar serían las primeras en el mundo que se puedan considerar “multinacionales” en manos de modestos particulares de la Historia. Un siglo después se produjeron y exportaron alrededor de tres mil toneladas anuales de papel para liar

Incluso, junto a otras fábricas de papel de Cataluña (Capellades), se suministró, desde finales del XVIII, papel para producir cigarrillos ya liados en la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, posteriormente para la de Cádiz y, desde 1801, a la cercana fábrica de Alicante.


                                         Fábrica de Tabacos de Alicante

En 1815 el sacerdote de Xátiva, Jaime Villanueva, inventó el librito para los usuarios que preferían liarse sus propios cigarrillos, pero que entonces, cada vez más, optaban por comprarlos liados por la incomodidad de tener que cortar porciones de una gran hoja. Esta innovación recuperó de nuevo el alza de liar cigarrillos y, a finales de ese siglo, Alcoy contaba con 43 talleres de los 62 que elaboraban en España libritos de papel de liar. Quince años después de este invento, la industria papelera se especializó y diversificó. Por ejemplo, el primer fabricante registrado como Pay-Pay, Ivorra, se separó de su socio Payá, que fabricó desde entonces su propia marca y libritos.


                               Antiguas marcas de papel alcoyanas en pliegos

Por esas mismas fechas de 1830, el alcoyano Pedro Cort Perotín instalaba, para la Real Fábrica de Paños, un nuevo telar importado de Bélgica con el sistema cockril. A pesar de lo novedoso, Perotín lo mejoró y combinó los sistemas de textil y fabricación de papel, para inventar nuevos sistemas, con el fin de aumentar la rapidez y calidad de los acabados. Comenzó su experiencia con su padre (de origen francés), en la mejora de los moldes de papel de tina. El conocimiento mecánico y químico de este inventor, le llevó a idear el primer sistema mecánico de liado de cigarrillos completamente automático. Pero su instalación en La Habana no culminó, a pesar del interés del mismo Estado y de algunos capitales franceses. Su versión de la máquina “individual”, todavía se vende en los estancos españoles. 

La patente de su invento terminó en manos de la Chesterfield, junto a otras patentes, sus ingenieros elaboraron máquinas para crear la primera marca de cigarrillos en comercializar el “paquete de 20" y que conocemos en la actualidad, a partir de 1901, daría a Estados Unidos la supremacía comercial en poco más de dos décadas, por un mejor acabado de los cigarrillos que los elaborados en Europa.

Paralelamente a las innovaciones de Perotín, surgieron las figuras de José y Francisco Laporta Valor, y más tarde de Rafael Abad Santonja. José Laporta inventó el papel con ceniza blanca en 1860 y fundó marcas tan famosas como Blanco y Negro en 1894. La aportación de Francisco fue sobre todo artística, aunque también técnica, ya que aplicó por primera vez el papel engomado a alguna de sus marcas desde 1883. Rafael Abad Santonja fundó la marca Bambú en 1907 (mi bisabuelo "l´abuelo Xixona" le ayudó a instalar sus primeras máquinas, pues era constructor de carrozas y hábil con la maquinaria textil), un papel que reunía todas las calidades que se fueron añadiendo en la industria papelera, convirtiéndose en el papel para liar más vendido y famoso del mundo. En 1924 Miquel y Costas lanzó la marca Smoking, convirtiéndose en su mayor competidora desde Barcelona, quedando al fin como sobreviviente, ya que Bambú cerró sus puertas en 1980.

                                                                 Máquina del siglo XIX
Aunque ahora existe una terrible fobia al tabaco y a los males que produce en nuestro organismo, no se puede olvidar ni menoscabar la memoria histórica, ni prescindir de los personajes que nos son antipáticos. Durante siglos, la elaboración de cigarros y cigarrillos en España en general, y su industria en particular, logró posicionarse en primer lugar mundial en producción y exportación, influyendo en el fenómeno febril de algunas áreas, como Sevilla, Cádiz, Alicante, Alcoy, Barcelona, Madrid, Valencia, La Coruña y Málaga principalmente.


                                        Cigarreras fábrica de Alicante

Durante más de cinco siglos, más que el propio “colonialismo” español, el comercio del tabaco ha dado para centenares de aventuras por todo el mundo. Las anécdotas fueron algunas increíbles, en consonancia a las larguísimas travesías, que se iban acortando con las nuevas tecnologías. Cuando se perdió Cuba solamente sufrió el Estado, dueño del Estanco del Tabaco y, en un primer momento, algunas empresas y particulares también temieron por sus intereses, pero los que mantuvieron las costumbres “alcoyanas” (rutas comerciales), siguieron como siempre. Estos emprendedores, durante más de dos siglos, solían cambiar sus cargamentos de papel de liar por tabaco, sobre todo tras el permiso de 1780 de poder comerciar con América desde Alicante, Valencia y Barcelona, prohibido hasta dicha fecha. Con el tabaco de vuelta, lo vendían a las fábricas de tabaco, primeramente a la única que hubo en Sevilla, de modo que les resultaba un “negocio redondo”, ya que el dinero solamente corría en manos privadas por el territorio nacional y sobraba materia prima para la fabricación de papel. Los beneficios eran tan elevados para la Corona, que Felipe V, por ejemplo, construyó sus dos grandes palacios reales solamente con este impuesto al Tabaco, dos patrimonios únicos en el mundo.


                                       Barco del tabaco principios siglo XX

El Alcoy Industrial es un fenómeno que nadie puede explicarse en la Historia del Comercio y la Industria. En 1935 se erigían hasta 1200 fábricas de todo tipo. Ya en el siglo XV los viajeros italianos y alemanes nos dejaron sus crónicas de un pueblo dedicado totalmente a la confección de tejidos y papel. Siglo a siglo, sin apenas carreteras, y malas las que habían, sin puerto de mar ni ferrocarril (hasta 1893 que se crea una vía Alcoy-Gandía), resultó un núcleo industrial de primer nivel que, contra viento y marea, prosperó hasta que la terrible Guerra Civil de 1936 terminó con todo. 

Esta ciudad conoció la Revolución Industrial al tiempo que los ingleses en el siglo XVII (aunque los historiadores proponen ahora que sucedió en la siguiente centuria, porque confunden los términos “fábrica” o “taller”, acuñados en el siglo XV, con la moderna acepción de “factoría”) y, en muchos aspectos, se adelantó al resto de españoles y europeos, por ejemplo con la aparición de un importante “proletariado” (más de 10.000 obreros en los años 1870s) que se hacinaba en viviendas mal acondicionadas, mientras los patronos residían en palacetes o edificios enteros modernos, levantados en los mejores barrios residenciales. 

Los movimientos obreros ya surgieron allí en el siglo XVIII, primeramente en contra del “maquinismo” (fenómeno del ludismo), teniendo que sufrir el horror de la mala política social, heredada de la Edad Media, apareciendo los primeros sindicatos modernos, con sedes nacionales, también herencia de los gremios medievales (el alcoyano registrado en 1278, del Textil, el más antiguo de España). También, ya en tiempos más recientes, se hizo famosa la localidad por unos sucesos que Hegel pronosticó como “revolución” más de un siglo después (los hechos de 1873 contra los industriales y el alcalde de Alcoy, precisamente un Albors, hijo y nieto de industriales), preámbulo de males mayores que desembocarían en la guerra que terminó con su extraordinaria Industria.

Toni Ferrando (publicado en 2022 y revisado)


                                               Cigarrera siglo XIX


                                  Manuscrito antiguo persa y árabe sobre papel


                                            Hojas de tabaco secado


                                 Real Fábrica de Tabacos Sevilla

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